Serias, maduras, sabiendo aguantar para asestar el golpe definitivo. Uno de esos partidos que muestran de qué pasta está hecho un equipo, y este Avenida quiere mostrar que su pasta está fraguando. Las azulonas se han impuesto en Donosti a IDK Euskotren, 61-80, en un choque peleadísimo en la primera parte y tremendamente sólido en una segunda para enmarcar en defensa y ataque. Las nuevas «dos torres» azulonas dieron un recital, con 23 tantos de valoración para cada una. Kiss y Cave dominaron cuando se las necesitó y la ayuda siempre inestimable, siempre presente de Iyana o Abby hizo el resto.
Tras dos derrotas ligueras ante dos de los «cocos», Avenida necesitaba recuperar la victoria y las sensaciones. No iba a ser fácil porque en su casa y con el tremendo físico de las donostiarras, la concentración debía ser máxima. Intercambio de golpes inicial, con IDK encontrando aro demasiado fácil, de hecho casi todas las canastas del primer cuarto eran bandejas. La calidad de Iyana y los rebotes ofensivos, en los que Cave y Kiss eran protagonistas, permitía mandar tras los primeros diez minutos, 18-20.
Imposible escaparse en el marcador. Máxime cuando Avenida, que lo intentaba, se veía negado desde la larga distancia, como reflejaba el 1/9 desde el arco en la primera mitad. Máximas de tres o cuatro puntos para cada lado, con miniparciales que obligaban a mover ficha a los banquillos para responder al rival. Desde la presión en toda pista lo intentaba Avenida, robando en campo rival, pero fallaba de cara al aro. No había manera, esto iba de detalles y de pelear por cada centímetro, especialmente en una pintura que parecía el metro d Tokyo en hora punta. Dos tiros libres locales daban mímina renta a IDK al descanso, 38-36.
Y Avenida cambió el guión. Lo hizo desde la defensa, alternando su zona 3-2 con defensas individuales. El ataque era cosa de Iyana, anotando los cinco primeros puntos en uno de sus ya clásicos momentos de «trance». Fue el primer intento de Avenida de abrir brecha, pero la respuesta de IDK fue rápida para volver a igualar la contienda. Emergió entonces como una gigante la húngara Virag Kiss. Qué forma de dominar la pintura y, ojo, ante jugadoras como Faye o Ejim, palabras mayores. Virag parecía un pulpo, rebañando cada balón que pasaba por sus inmediaciones y rematando la faena. Un 50-60 muy prometedor con diez minutos por jugar.
Momento, entonces, para tirar de cerebro y control. Si no se encontraba el aro en los comienzos de parcial, había que ajustarse en defensa para cerrar el aro con un esfuerzo colectivo soberbio. De nuevo, en eso, pocas jugadoras pueden ser tan importantes como Belén, siempre en la oscuridad. Supo aguantar Avenida para asestar el golpe definitivo cuando Cave sustituyó a Kiss para terminar con la faena que la húngara había comenzado. Un domino atronador para sentenciar el partido y llevar la aleegría al equipo y al autobús de valientes aficionados que se desplazó hasta tierras vascas. Honor para ellos.